Clásicos

Dinamismo refrescante: BMW Z1

Ningún modelo ha contado con esas puertas abatibles, pocos deportivos han tomado las curvas tan rápido: el BMW Z1, presentado en 1988, fue un roadster con una tecnología puntera e innovadora, una gran aerodinámica sin necesidad de spoiler y la potencia característica de un seis cilindros de BMW.

Texto
Jan Wilms

Hubo un tiempo en el que Bayerische Motoren Werke (Fábricas bávaras de motores: BMW) podría haberse denominado como chanza Bayerische Roadster Werke (Fábricas bávaras de roadsters). Los fans de los oldtimers recuerdan especialmente los ligeros deportivos abiertos BMW 315/1, BMW 319/1 y, sobre todo, el BMW 328 Roadster, que a mediados de los años 30 labraron el ADN de la marca. La orientación consecuente hacia el máximo placer de conducir, iniciada por estos modelos, puede experimentarse actualmente en cualquier BMW. Naturalmente, alcanza su nivel más espectacular en los sucesores directos de la primera generación de roadsters, el automóvil de ensueño BMW 507 Roadster o el actual BMW Z4. Así como en el BMW Z1, un bólido excepcional que intensificó aún más el placer de conducir e introdujo un sinfín de innovaciones tecnológicas.

Por ejemplo, un chasis con bastidor autoportante, utilizado hasta entonces en forma de monocasco sobre todo en el deporte del motor. O los nuevos materiales, como la carrocería formada por piezas de material sintético termoplásticas reciclables, capaz de absorber elásticamente pequeñas colisiones. En cuanto a la propulsión, incorporaba un motor consagrado, el seis cilindros en línea con 2,5 litros de cilindrada y 170 CV de potencia del BMW 325i.

Jugar a bajar las puertas

El Z1 le debe su estatus como modelo de culto sobre todo a sus puertas abatibles, que podían ocultarse en la carrocería mediante un sistema electromecánico. Además de ofrecer una imagen futurista, este concepto único en el mundo minimizaba la distancia entre el conductor y la carretera. Podía recordar a la sensación de conducir un kart, pero la experiencia en un automóvil apto para el día a día nunca fue tan refrescantemente dinámica. Lo mejor: para sacar una sonrisa más amplia que la marcada vía del Z1 no hacía falta acelerar en menos de ocho segundos de 0 a 100 km/h o alcanzar la velocidad máxima de 227 km/h. Bastaba con recorrer una carretera comarcal sinuosa.

El Z1 le debe su estatus como modelo de culto sobre todo a sus puertas abatibles, que podían ocultarse en la carrocería mediante un sistema electromecánico. Además de ofrecer una imagen futurista, este concepto único en el mundo minimizaba la distancia entre el conductor y la carretera.

El BMW Z1 estaba orientado totalmente a la diversión al volante. En consecuencia, el interior y los instrumentos presentaban un diseño estrictamente funcional. No podía pedirse ordenador de a bordo ni siquiera como extra.

Otra novedad era el congenial equilibrio del grupo de los bajos y el motor central-frontal con el chasis: como el motor iba montado detrás del eje delantero y la caja de cambios de 5 velocidades propulsaba el eje trasero mediante el principio de transeje, se alcanzaba una distribución óptima de la carga sobre los ejes de 49 : 51. Mientras que el eje delantero con amortiguador telescópico se cogió del estante del BMW Serie 3, en la parte trasera se empleó un eje con suspensión multibrazo Z de nuevo diseño para garantizar una dirección precisa de las ruedas. El efecto cumulativo de estas medidas: el BMW Z1 podía renunciar a la servodirección. Además, disponía de la mayor aceleración transversal (¡hasta 1 g!) de todos los automóviles de su categoría, y en las curvas dejaba atrás incluso a cañones deportivos como el Porsche 911 Turbo y el Ferrari 328 GTB.

Los nuevos chicos de BMW Technik GmbH

El origen del BMW Z1 también fue innovador: fue el primer modelo desarrollado por BMW Technik GmbH, una fábrica de ideas fundada en 1985 y desligada de la producción diaria para diseñar automóviles e innovaciones que hasta entonces solo existían en los sueños. Por ejemplo, un roadster ligero, ultramoderno y revolucionario, cuya tecnología debía experimentarse sensualmente. Con el Z1, los nuevos chicos de BMW Technik demostraron algo que, en realidad, no requería pruebas: que la conducción elegante con la cabeza (y el resto del cuerpo) expuestos al viento es el sumun del movimiento sobre cuatro ruedas. Por lo menos, para aquellos que quieren divertirse al volante.

En el Salón del Automóvil de Fráncfort de 1987 ya se exhibió un prototipo, y en el Salón de París de 1988 pudo presentarse la versión de serie. Incorporaba casi todas las funciones innovadoras del modelo de prueba, algo realmente excepcional. La prensa habló de «contrarrevolución», «paso hacia el futuro» y «vanguardia», y describió las particularidades del modelo como de «jet-zet». Su elevado precio, 83 000 marcos alemanes, quedaba justificado por el trabajo manual aplicado en la pequeña serie.

El eje delantero con amortiguador telescópico del BMW Z1 se cogió del estante del BMW Serie 3. En la parte trasera se empleó un eje con suspensión multibrazo Z de nuevo diseño para garantizar una dirección precisa de las ruedas.

El BMW Z1 presentaba un sinfín de innovaciones: por ejemplo, un chasis con bastidor autoportante, utilizado hasta entonces en forma de monocasco sobre todo en el deporte del motor. O los nuevos materiales, como la carrocería formada por piezas de material sintético termoplásticas reciclables, capaz de absorber elásticamente pequeñas colisiones.

El BMW Z1 presentaba un sinfín de innovaciones: por ejemplo, un chasis con bastidor autoportante, utilizado hasta entonces en forma de monocasco sobre todo en el deporte del motor. O los nuevos materiales, como la carrocería formada por piezas de material sintético termoplásticas reciclables, capaz de absorber elásticamente pequeñas colisiones.

Z1 en negro de ensueño, rojo top o amarillo diversión

‘Traumschwarz, fungelb, urgrün o toprot’ (negro de ensueño, amarillo diversión, verde primigenio o rojo top): la paleta de colores dejaba entrever ―también por sus nombres― que el colorido hedonismo pop de los noventa estaba a punto de comenzar. El resto del diseño, en cambio, se plegaba a la filosofía de conducción de un roadster y apostaba únicamente por lo esencial: la parrilla doble BMW, las entradas de aire y los faros tenían forma rectangular. El frontal, con la plana terminación de su forma de cuña ultramoderna, derivaba el aire sin apenas resistencia hacia el largo capó y la zaga. El viento se aprovechaba asimismo en los lisos bajos, donde un difusor con perfil de ala procedente del deporte del motor aseguraba una carga aerodinámica o downforce creciente a medida que aumentaba la velocidad.

En los costados, los guardabarros sutilmente expuestos anunciaban la gran potencia del roadster, que, no obstante, presentaba un aspecto exterior extremadamente delicado; especialmente con las puertas bajadas, que además permitían entrar y salir cómodamente del vehículo. Y mientras que la jaula de seguridad se integró discretamente como conexión de los pilares A en el marco superior del parabrisas, los retrovisores llegaban a desplazarse hasta el centro de los pilares A. El nivel de exigencia del Z1 era vanguardista incluso en los detalles de seguridad.

Aerodinámica sin spoiler

El resultado de este sobrio lenguaje formal eran unas cualidades aerodinámicas sobresalientes ―valor de cw abierto: 0,43― sin necesidad de spoiler o alerón. Naturalmente, el piloto de un bólido semejante necesitaba asimismo unos asientos deportivos de primera categoría, que fueron desarrollados en exclusiva para el BMW Z1. Menos espectacular resultaba el resto del interior y los instrumentos, diseñados con miras a la funcionalidad. No podía pedirse ordenador de a bordo ni siquiera como extra.

Hasta 1991 se vendieron 8000 ejemplares del BMW Z1; debido a su clara orientación deportiva, nunca podría haberse convertido en un modelo de masas. No era un automóvil que fuera a salir del concesionario en manos de cualquiera, sino un roadster para pilotos interesados en el dinamismo auténtico que, a cambio de una diversión extraordinaria al volante, renunciaban con gusto a un poco de confort.

Este roadster inusual estaba concebido para pilotos interesados en el dinamismo auténtico que, a cambio de una diversión extraordinaria al volante, renunciaban con gusto a un poco de confort; excepto en los magníficos asientos deportivos, desarrollados en exclusiva para el BMW Z1.

07/14/2017