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¿Relajarse con el smartphone? Apps para desconectar.

Precisamente el smartphone, la herramienta con el mayor poder de distracción, ofrece cada vez más aplicaciones para relajarse de manera ideal. Prometen más tiempo para uno mismo, más equilibrio y un mejor sueño. Por eso sus descargas se cuentan por millones. Pero, ¿son realmente capaces de cumplir su promesa? Las hemos probado en persona.

Fotos
Yvonne Schmedemann
Texto
Marie Sophie Müller

Una voz masculina con ligero acento británico me dice que inspire por la nariz y expire por la boca. Que perciba el espacio y sus sonidos con los ojos cerrados. Tranquilamente y sin esfuerzo. La voz pertenece a Andy Puddicombe, residente en Los Ángeles y cofundador de Headspace, una app de meditación que en unos pocos años ha convertido a este antiguo monje budista en multimillonario. Lanzada en 2014, en febrero de 2017 casi 500.000 personas habían abonado el importe mensual de entre 8 y 13 dólares (según la duración del contrato), y unos 12 millones se habían descargado la aplicación, ya que las diez primeras sesiones de prueba son gratuitas.

El secreto de su éxito radica en una aparente contradicción: desconectar con el smartphone. Muchas personas que consideraban la meditación como una extravagancia esotérica se han vuelto fans de la app. Su diseño es sencillo e intuitivo, nada parece excesivamente esotérico. Está en sintonía con la voz y el aspecto de Puddicombe: con su cuerpo atlético, ceñido por una camiseta de manga larga, y su cráneo rasurado, parece un ágil profesor de surf.

Inversiones de Hollywood

«Nada de cánticos ni posición de loto», promete el guía de 44 años. A cambio, breves sesiones de meditación que podemos practicar sentados en cualquier lugar, no importa dónde estemos. Lo único imprescindible es tener cerca el smartphone. Puddicombe asegura que diez minutos diarios bastan para sentirse más concentrado y equilibrado al cabo de poco tiempo. También hay una opción SOS de tres minutos para bajar de revoluciones rápidamente, sesiones que ayudan a conciliar el sueño y meditaciones para pasear, para combinar con ejercicios, para el metro o el taxi.

Un año personal catastrófico (murieron dos de sus mejores amigos, su hermana y su exnovia) lo llevó en 1994 a abandonar sus estudios de Ciencias del Deporte en Inglaterra y trasladarse a Asia para formarse como monje budista. Diez años después volvió a su hogar, Gran Bretaña, y en 2010 conoció, durante una de sus sesiones de meditación, al experto en marketing Richard Pierson, con el que fundó Headspace. Los dos apasionados del surf lanzaron la app en Los Ángeles en 2014 y, apenas un año después, recibieron 35 millones de dólares de varios inversores, incluidas estrellas de Hollywood como Jared Leto y Jessica Alba. Que sea precisamente el smartphone la herramienta empleada para mejorar la capacidad de atención es una ironía que Puddicombe y Pierson parecen no ver. ¿Y por qué deberían? Utilizar el móvil para desconectar es justo la clave del éxito de Headspace.

Sobrecarga digital

Adam Alter, profesor de Psicología y Marketing en la Universidad de Nueva York, publicó un libro en marzo de este año en el que explica cómo y por qué los medios digitales crean adicción: «Irresistible: The Rise of Addictive Technology and the Business of Keeping Us Hooked». Diversos estudios sobre el uso del smartphone demuestran que el usuario medio revisa su teléfono 39 veces cada 24 horas y pasa unas tres horas diarias con los ojos pegados a la pantalla. Y esto, sin incluir llamadas de teléfono. Especialmente las apps que ofrecen algún tipo de feedback o de progreso —las redes donde se consiguen likes y seguidores, los juegos o incluso los retos de meditación— son las que nos hacen regresar una y otra vez a la pantalla. El 60 % de los adultos duermen con el móvil junto a la cama. «Hoy en día revisamos constantemente nuestras redes sociales, e incluso interrumpimos nuestro trabajo o nuestra vida cotidiana para ello», señala Alter en una entrevista en el New York Times.

Mientras escribo este texto, he revisado incontables veces —y no solo con fines de documentación— el correo electrónico, los comentarios de Facebook y nuevos artículos sobre el tema. El «tecnoestrés», como lo llaman los investigadores, funciona en las dos direcciones: por una parte, nos vemos desbordados por la avalancha de información y por las acciones que (aparentemente) se esperan de nosotros y, por otra, nos estresamos si olvidamos el móvil o no encontramos Wi-Fi. Entonces, ¿quizás es correcto buscar la desintoxicación digital dentro de este círculo vicioso?

Ejercicios de respiración, vídeos de olas e historias para dormir

Eso es lo que han pensado los creadores de diversas apps que analizan el comportamiento ante la pantalla, lo previenen o, al menos, permiten enfocarlo. Entre ellas se encuentran Checky, Moment y Offtime. Desde un segundo plano, cuentan los minutos o las horas que pasamos con el smartphone y con qué programas. Checky y Offtime muestran asimismo dónde se utilizó el smartphone. Esta información —al igual que sucede con un podómetro— es como mínimo interesante, aunque consume batería y, en ocasiones, resulta algo inquietante; después de varios días escaneando, puede llegar a ser alarmante. En mi caso, el resumen es el siguiente: más de una hora y media al día ante la pantalla, sin contar las llamadas telefónicas. Pero, ¿va a cambiar mi comportamiento gracias a esta información? Al menos me ha sensibilizado ante productos como Headspace o Calm, otra app de meditación desarrollada por Alex Tew, el fundador de Checky, que ofrece ejercicios de respiración, vídeos de olas e historias para dormir. Aunque hay que señalar que, en este caso, el móvil también se deja junto a la cama.

La app Offtime, lanzada en 2014 por Alexander Steinhart, de Berlín, también escanea el comportamiento con el smartphone, pero además permite regular la manera en que utilizamos el dispositivo. El usuario decide a qué horas está disponible, en qué horario no desea recibir más correos electrónicos, cuándo quiere que el teléfono esté totalmente apagado o, por ejemplo, si desea recibir noticias de Instagram pero no notificaciones de tuits (o viceversa). En la web de la startup se dice: «Con Offtime decides cuándo quieres estar conectado y con quién. Así es más fácil hacer lo que consideras importante en cada instante. Desconecta y concéntrate en tu trabajo, dedica tiempo a las personas que te importan o, simplemente, disfruta de un momento de calma».

En cambio, «Never Get High on Your Own Supply» (que puede traducirse como «Nunca te drogues con tu propia mercancía») es lo que defiende Adam Alter en su libro, que describe la manera en que los directivos de Silicon Valley afrontan la educación de sus hijos en relación con los medios digitales. Ni Steve Jobs ni Evan Williams, de Twitter, permitían a sus hijos jugar con pantallas táctiles. El ‘ayuno total’ probablemente sea la dieta más efectiva, pero es siempre la más complicada de poner en práctica… y no resulta tan rentable.

Más información sobre el tema y sobre las apps presentadas:
www.headspace.com
www.checkyapp.com
www.calm.com
www.inthemoment.io
www.offtime.co

Más información sobre el libro de Adam Alter:
www.adamalterauthor.com

05/01/2017