Viaje

Vitalidad colorista: en el BMW i3 por Sídney

En Sídney y alrededores florece una joven escena creativa que ha despertado el interés internacional sin renunciar a sus raíces culturales. Emprendemos un viaje por carretera en el nuevo BMW i3 para conocer a las personalidades ―como la diseñadora Poppy Lissiman, el chef Mitch Orr o el sastre Patrick Johnson ― que abanderan el nuevo espíritu renovador del país. Un viaje de descubrimiento con paradas refrescantes en las piscinas marinas más espectaculares de la costa oriental australiana.

Fotos
Craig Wall
Texto
Mitchell Oakley Smith

Me encuentro en un estudio elegante en el distinguido barrio de Paddington, en la parte oriental de Sídney. En pantalones cortos. Patrick Johnson me va a enseñar los primeros pasos para diseñar un traje perfecto. Me guía hasta un sofá donde observamos distintos tejidos y cortes… y me explica amablemente cuáles son los que, en su opinión, me quedan mejor. Johnson es probablemente el mejor sastre del país. Yo estoy viajando en pantalones cortos, zapatillas y un BMW i3. Él lleva traje, combinado con un polo y zapatillas deportivas. Exhibe una seguridad estilística absoluta, aunque su estilo resulte algo insólito para un sastre de primera categoría. Mi móvil me indica que la temperatura exterior ya está por encima de los 20 grados. Es el primer día de primavera, a lo largo de la jornada se superará la marca de los 30 grados. Las condiciones perfectas para descubrir la cara más refrescante de la ciudad. Johnson también ha preparado una bolsa con el equipo de natación. En la pausa del mediodía se zambullirá en el océano. Sí, la estirada Savile Row londinense o las sofisticadas sastrerías milanesas, con sus estrictas reglas, quedan claramente muy lejos de aquí.

Saliendo de Sídney en dirección sur, cada bahía es un universo único. Las distancias entre las piscinas oceánicas son perfectas para la nueva movilidad eléctrica.

Saliendo de Sídney en dirección sur, cada bahía es un universo único. Las distancias entre las piscinas oceánicas son perfectas para la nueva movilidad eléctrica.

En 2010, cuando Johnson comenzó a vender bajo su nombre ropa masculina hecha a medida, se ganó la reputación de diseñar los trajes más livianos del mundo. Esto no se debe únicamente a la lana merina australiana y a una forma de tejer especialmente fina, sino que tiene que ver con el estilo de sus creaciones. No llevan forro ni hombreras rígidas, los cortes se ciñen al cuerpo como una segunda piel. Incluso en los días más calurosos, los trajes de Johnson garantizan un frescor agradable durante toda la jornada. En cierto modo, reflejan la actitud general ante la vida de los habitantes de Sídney: averigua cómo se hacen las cosas… y adáptalas hábilmente a las circunstancias locales. «En Australia hay un gran espíritu pionero. Hay que probarlo todo al menos una vez», explica Johnson. «Este ideal se refleja en muchos lugares de Sídney. Nuestro distanciamiento del resto del mundo nos ha regalado este impulso creativo». Esto puede aplicarse a la moda de Johnson, pero también a toda la ciudad y a sus espectaculares costas, donde las zonas de sabana culminan en abruptos farallones y playas de arena blanca. La imagen perfecta para describir la vida de Sídney, que se desarrolla principalmente al aire libre, son las incontables ocean pools: piscinas ubicadas entre la playa, los acantilados y el mar. Algunas son simples plataformas donde los huecos entre las rocas se han rellenado con hormigón, pero también hay estanques elegantes decorados en estilo art déco, en ocasiones con décadas de antigüedad. Gracias a las mareas, se llenan diariamente con el agua fresca del Pacífico. Existen unas cien piscinas marinas en la costa oriental del Estado, y casi la mitad de ellas se encuentra en Sídney. Bañarse en el océano es algo tan cotidiano en esta ciudad como montar en metro en Nueva York. En realidad, es un ritual obligatorio para poder soportar el calor. En un día normal de verano, la temperatura alcanza fácilmente los 40 grados y, para refrescarse de verdad, solo sirve el mar.

Un crisol de talentos

El mercado más importante para la joven diseñadora de bisutería y accesorios Poppy Lissiman es Estados Unidos, pero tanto ella como su sello le sacan partido a su base en Sídney. Porque aquí, el estilo de vida orientado al tiempo libre se funde con el encanto cosmopolita de una gran ciudad. Lissiman, que se mudó hace poco desde Perth, afirma: «Lo especial de Sídney es su carácter internacional. Hay tantas posibilidades, es como un crisol de talentos de todo tipo». La diseñadora traza puentes entre la cultura pop y la alta costura, integrando en sus creaciones la vitalidad colorista y el espíritu innovador de la moda callejera. Algunos de sus diseños se caracterizan por un estilo propio de cómic, casi siempre son coloridos y nunca resultan aburridos. También ella, como tantos australianos, es una nadadora apasionada. Y ahora está descubriendo las piscinas oceánicas de la ciudad.

Esta es la nueva escena que se está desarrollando en Australia en general y en las ciudades de la costa oriental en particular, con Sídney a la cabeza. Hasta hace relativamente poco tiempo, Australia era conocida básicamente como una isla soleada y remota en mitad del océano que ofrecía al visitante un paraíso de sabana salvaje y playas de ensueño. La imagen es acertada, pero el trabajo de creativos como Johnson, Olsen o Lissiman ha ampliado esta idea.

«Este ideal se refleja en muchos lugares de Sídney. Nuestro distanciamiento del resto del mundo nos ha regalado este impulso creativo.»

Patrick Johnson

La montaña de Kiama se conoce como Saddleback Mountain: desde aquí se disfrutan las mejores vistas del océano.

La montaña de Kiama se conoce como Saddleback Mountain: desde aquí se disfrutan las mejores vistas del océano.

Bañarse en el océano es algo tan cotidiano en Sídney como montar en metro en Nueva York. En realidad, es un ritual obligatorio para poder soportar el calor. En un día normal de verano, la temperatura alcanza fácilmente los 40 grados y, para refrescarse de verdad, solo sirve el mar.

Bañarse en el océano es algo tan cotidiano en Sídney como montar en metro en Nueva York. En realidad, es un ritual obligatorio para poder soportar el calor. En un día normal de verano, la temperatura alcanza fácilmente los 40 grados y, para refrescarse de verdad, solo sirve el mar.

La diversidad culinaria de Sídney

Desde Old Clare conduzco durante unos 15 minutos en dirección a Bondi Beach. Es casi mediodía, pero la nueva batería del BMW i3 está prácticamente llena. De camino hacia al mar pasamos junto al Hyde Park, mucho más pequeño que su tocayo londinense, atravesamos Kings Cross, el antiguo barrio rojo y actualmente una zona residencial de lujo, y hacemos una parada en ACME, el restaurante del chef Mitch Orr, que complementa la cocina de fusión tradicional de Sídney con sabores propios. Entre los platos preferidos por sus comensales se encuentran los macarrones con cabeza de cerdo y yema de huevo. Variaciones y nuevas combinaciones de platos de pasta clásicos que reflejan la diversidad culinaria de Sídney. En esta cocina se funden tradiciones europeas, asiáticas y, cada vez en mayor medida, australianas, es decir, aborígenes. Orr inauguró el local en 2014, después de haber trabajado durante años en el célebre restaurante Osteria Francescana de Massimo Bottura en Módena. «Aquí preferimos los restaurantes distendidos y animados», comenta Orr. «Nuestra forma de disfrutar la comida es divertida, ruidosa, sociable, y nos gusta compartir».

Aguas azul oscuro

El mayor problema en un viaje de exploración de las piscinas oceánicas más excitantes de Sídney es que, en el camino hasta ellas, hay demasiado por descubrir. Antes de llegar a Bondi, por ejemplo, recorremos los elegantes suburbios orientales de Darling Point, Point Piper y Double Bay para conocer un lugar de baño muy especial: el puerto de Sídney, que, gracias a la pureza de sus aguas, representa una buena alternativa a las piscinas más alejadas. En la Murray Rose Pool, conocida como Redleaf por los lugareños, se ve cada día gente nadando, niños saltando desde el paseo marítimo al agua azul oscuro y adolescentes tomando el sol en las pasarelas flotantes. Pequeños bancos de peces surcan las aguas y juegan entre nuestros pies, hundidos hasta los tobillos. Algo más lejos en dirección a South Head, hacia la entrada del puerto, se encuentra Parsley Bay, donde las higueras nos regalan su sombra. En un puente peatonal que domina la bahía, parejas de recién casados posan para las fotos de la boda mientras los nadadores, debajo de ellos, disfrutan del agua fresca y profunda. A continuación recorro la carretera costera de Campbell Parade, que discurre paralela a Bondi Beach, para llegar al mejor mirador sobre el Pacífico: Bondi Icebergs, una piscina marina que emerge de las rocas y que, desde hace más de un siglo, es una de las grandes atracciones de la región. Los fieles miembros del Bondi Icebergs Club participan regularmente en un evento de natación invernal. De hecho, este enclave recibió su nombre tras la fundación del club en 1929. Icebergs es la primera piscina oceánica en el este de Sídney, y aquí comienza mi ruta por la belleza reluciente de Bondi hacia el espectáculo de las mareas de Wylie’s Baths, en la parte meridional de Coogee Beach, con sus miradores sobre pilotes; y aún más al sur, hasta las aguas a menudo procelosas de Mahon Pool, en Maroubra Beach.

El mar es un placer universal

En los acantilados que se elevan sobre el océano en la lengua de tierra de Bronte, me reúno con el artista Bart Celestino. Está sacando fotografías del Pacífico que después imprimirá en obras de gran formato. «Los turistas suelen quedarse asombrados, porque cada playa en Sídney tiene su propia identidad», comenta Celestino. «El agua y la arena son distintas en cada bahía». Las obras de Celestino documentan el océano sin ningún tipo de contexto; aparte del agua, no muestran nada del paisaje circundante. Sin embargo, cada imagen transmite una sensación única, propia del lugar donde fue tomada. «Contemplar el mar es un placer universal», apunta. «Despierta sensaciones muy diferentes en cada persona, pero en Sídney es algo realmente especial. ¿En qué otro lugar puede uno bañarse por la mañana, darse un chapuzón al mediodía y hacer surf antes de la cena?».

Atardecer en Kiama: recorreremos los 180 kilómetros de vuelta a Sídney en otro momento.

Atardecer en Kiama: recorreremos los 180 kilómetros de vuelta a Sídney en otro momento.

Datos técnicos

BMW i3 (94 Ah)

Potencia (kW)

125

Par motor Nm

250

Autonomía km

hasta a 300

Consumo eléctrico en kWh/100 km
combinado:


13,1 – 12,6

03/14/2017